Entre líneas

Me escribiste «No empieces».

No había empezado nada.

Recordé la última vez que dijiste esas palabras. Tenías la frente apoyada en mi pecho y esa sonrisa que siempre llega un instante antes que tus labios.

Escribí una respuesta.

La borré.

«Ya es tarde», te dije.

Aparecieron los tres puntos. Desaparecieron. Volvieron a aparecer.

Después, una sola palabra:

«Idiota».

Y me quedé sonriendo.

Todavía puedo escuchar cómo la dices cuando estás a punto de besarme.

— Sebastián Macías

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